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Lo nunca visto (2019) escrita y dirigida Marina Seresesky y protagonizada por Carmen Machi y Pepón Nieto
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 13/09/2026 22:34
SIN FILTRO: COLUMNA SOBRE PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

Todo arranca en Fuentejuela de Arriba, una diminuta e imaginaria aldea de montaña atrapada por la nieve y la inminente desaparición por falta de habitantes. El pueblo está a punto de ser absorbido y administrativamente destruido por el municipio vecino, más grande y próspero. Teresa (Carmen Machi), esposa del alcalde, se niega a ver morir la tierra donde ha echado raíces. La casualidad —o el destino de los desesperados— hace que irrumpa en medio de la nieve un grupo de inmigrantes africanos que huyen de una situación de explotación y son buscamos por la policía. Teresa ve en ellos una salvación demográfica ilegal pero humanamente lógica y conveniente. Con la complicidad de Jaime (Pepón Nieto) y el pintoresco "Guiri" (Jon Kortajarena), decide ocultarlos y trazar un plan de integración exprés para convencer a la Administración Local de que Fuentejuela de Arriba sigue viva, obligando a los pocos viejos del lugar a sepultar sus propios prejuicios, más como un pacto de supervivencia mutua.

De esto va Lo nunca visto (2019), largometraje escrito y dirigido por la cineasta argentina Marina Seresesky. Es una obra atrapada en el purgatorio de sus propias intenciones cuya premisa pretende ser una fábula de hermandad, una comedia con alma de redención social, pero termina pesando menos que el viento frío que corre por las calles desiertas de Fuentejuela de Arriba.  

Aunque en la pantalla el pueblo parece una sola unidad aislada, el rodaje se dividió durante seis semanas entre los paisajes invernales de Uztárroz (Navarra) y diversos sets en Madrid. El reparto de los personajes africanos contó con figuras consolidadas de la escena afrodescendiente española como Montse Pla, Jimmy Castro, Ricardo Nkosi y Malcolm Treviño Sitté, quienes intentaron dignificar unos papeles que el guion a veces empujaba hacia el cliché. La película guarda un enorme valor emocional interno, ya que está dedicada formalmente a la memoria de Fernando Hugo Rodrigo, quien fuera jefe de desarrollo de la productora Tandem Films.

Lo nunca visto es una excelente intención de cruzar dos tragedias contemporáneas reales: la crisis migratoria y la agonía de la España rural. La primerísima Carmen Machi sostiene el andamiaje dramático con su habitual naturalidad, dotando a Teresa de una dignidad rústica intachable. El reparto manifiesta carisma y complicidad para salvar las escenas más flojas, como el momento en que se confrontan las danzas locales con los bailes extranjeros, exponiendo con brillantez lo absurdo de la superioridad cultural occidental.

Sin embargo, la premisa potentemente dramática se diluye cuando los conflictos son abordados a través del humor chabacano y de trazo grueso que roza la vergüenza ajena. Por ejemplo, en su afán por criticar el racismo, el guion cae a menudo en un paternalismo y uso de lugares comunes que terminan estereotipando a los propios personajes africanos. Los cambios de mentalidad de los aldeanos xenófobos ocurren de forma abrupta e inverosímil, sin un arco de transformación creíble. Lo nunca visto sufre de un exceso de diálogos obvios que explican al espectador lo que debería estar sintiendo o viendo. Y, prácticamente, en sus primeros 20 minutos se puede saber con exactitud el destino de los personajes, restando cualquier tipo de tensión o misterio a la resolución del nudo. ¿Y entretiene? Algo.

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