
La química y el contraste actoral entre Aitana Sánchez-Gijón y Cumelén Sanz hacen que La Jefa (2022), dirigida por Fran Torres y disponible en Netflix, sea un thriller psicológico entretenido. Por 1h 50m aborda la explotación laboral y la maternidad subrogada a través de un pacto claustrofóbico entre una joven inmigrante y su jefa, utilizando una atmósfera de aislamiento como símbolo de deshumanización donde el conflicto no trae redención.
Va de esto: El prometedor futuro de Sofía (Sanz) en el deslumbrante mundo de la moda se desmorona en silencio con un embarazo imprevisto. Para ella, el aborto no es una opción; sus creencias se lo prohíben, dejándola ante la dolorosa perspectiva de abandonar, derrotada, su carrera laboral. En medio de esa quietud desesperada, (Beatriz Sánchez-Gijón), su jefa, aparece con una propuesta: comprarle el derecho a ser madre a cambio de un jugoso contrato económico y profesional. Sofía acepta el trato, sin intuir que el refugio que le ofrecen se convertirá en su propia cárcel de sombras, hasta llevarla al desequilibrio absoluto.
Aunque la premisa es potente al abordar la subrogación desde el egoísmo de clase en su primera mitad, a La Jefa le sobran minutos. Sus transiciones se sienten irregulares, a tal punto que el metraje se nota excesivo y con reiteraciones que diluyen la tensión. Los elementos religiosos en Sofía aparecen incluso mal justificados, en varias escenas. La película se salva por el concepto de espejo transgeneracional entre la empresaria y su empleada. Ambas se admiraban y deseaban mutuamente en secreto: Sofía anhelaba el estatus y el poder implacable de Beatriz, mientras que Beatriz codiciaba con desesperación la juventud y el vientre fértil de Sofía. Pero eso termina siendo insuficiente. La trama termina naufragando entre la orilla del drama de autor y la de thriller convencional.
