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La captura (2026), dirigida por Chava Cartas y protagonizada por Alfonso Herrera, Noé Hernández y Héctor Kotsifakis
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 25/08/2026 14:59
SIN FILTRO: COLUMNA SOBRE PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

Acá se destruye el mito criminal: La captura (2026), dirigida por Chava Cartas y distribuida a través de Netflix. Aunque con tropiezos propios de sus ambiciones estructurales, este thriller de supervivencia psicológica acierta rotundamente al negarse a romantizar o enaltecer al narcotraficante. Lo retrata en su faceta más mundana, patética y manipuladora, devolviendo el peso de la dignidad a quienes prefieren ejercer bondad.

¿De qué va? Durante una hora 32 minutos la historia se sitúa en enero de 2016 en Los Mochis, Sinaloa, durante la ejecución de la verídica "Operación Cisne Negro". Tras un asalto de la Marina Armada a la casa de seguridad del capo, el líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán (interpretado por Héctor Kotsifakis), escapa junto a su jefe de seguridad, Jorge Iván Gastélum, alias “El Cholo Iván” (Juan Pablo Cruz García), a través de un túnel pluvial subterráneo. Al salir a la superficie, roban un vehículo. Es aquí donde la realidad y la ficción de los guionistas Bernardo Esquinca y Héctor de Mauleón se entretejen: dos agentes federales de caminos comunes y corrientes, Arturo Carmona (Alfonso Herrera) y Héctor Rosales (Noé Hernández), detienen un auto en cuyo interior transita un fugitivo. Al descubrirlo, se desata una odisea en la que los policías, conscientes de que no pueden confiar en sus superiores corruptos, deciden resguardar al criminal en un motel en las afueras del pueblo a la espera de la Marina. Durante esas horas, sufren una asfixiante presión psicológica debido a las monumentales ofertas de soborno multimillonarias y a la inminente amenaza de muerte colectiva. El desenlace llega con la entrega final del Chapo a la Marina Armada de México y la posterior condecoración y exilio forzado de los policías bajo identidades protegidas pues hacer lo correcto en un sistema podrido es más probable que te convierta en exiliado y no en héroe. Los uniformados salvan sus almas y sus vidas, pero pierden su tierra, su hogar y su historia. Quedan borrados del mapa, convertidos en fantasmas, confirmando que los vivos y los muertos habitan el mismo destierro, a veces.

El guion de La captura se estructuró de forma rigurosa a partir de las crónicas periodísticas de Héctor de Mauleón, quien entrevistó directamente a los agentes involucrados en la captura real de 2016. Debido al peligro que corrían las vidas de los oficiales reales, sus nombres fueron cambiados en la película (Carmona y Rosales) y se mantuvieron bajo estricto secreto de Estado. La química actoral de tensión entre Hernández (el policía al borde del retiro) y Herrera sostiene los momentos más flácidos de la cinta, transmitiendo un pánico que se siente asfixiante. El diseño de audio y el uso de los silencios generan una atmósfera claustrofóbica interesante durante el encierro en el motel, alejando la obra del burdo y simplón cine de acción. La filmación significó el reencuentro profesional entre el actor Alfonso Herrera y el director Chava Cartas, quienes no compartían un plató desde el año 2002, cuando Cartas fungió como el director de fotografía de la icónica película juvenil Amar te duele.

Sin embargo, da la impresión que La captura confunde a ratos la contención con la debilidad. La cámara se queda inmóvil contemplando las caras lúgubres de Herrera y Hernández, buscando una mística de la desesperación que el guion, por tecnicismos procesales, interrumpe con cierta torpeza. También, se toma demasiado tiempo en plantear la cotidianidad de los policías, estancando la narrativa en subtramas familiares que restan dinamismo al nudo central de la detención. El film prefiere refugiarse en la anécdota humana y la pura supervivencia antes que elaborar una tesis política y social más profunda sobre la corrupción sistémica estructural del país, haciéndola formalmente correcta, pero ideológicamente cobarde.

¿La captura entretiene? Sí. Ver a un personaje como "El Chapo" despojado de sus lujos y ejércitos y reducido a un hombre común, sucio y débil, pero con su voz manteniendo el peso de una deidad maligna, se vuelve inevitable.

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