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“Muertos S.L.”. (2026), serie española de comedia negra dirigida por Laura y Alberto Caballero y protagonizada por Carlos Areces, Ascen López y Diego Martín
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 01/09/2026 12:23
SIN FILTRO: COLUMNA SOBRE PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

Maestría en el humor negro puro. Eso es “Muertos S.L.”. (2026), cuya cuarta y última temporada fue estrenada globalmente en Netflix hace pocas semanas, sosteniendo su capacidad de estructurar gags hilarantes a costa de la industria mortuoria sin caer en el morbo burdo y manteniendo el legado del mejor costumbrismo satírico español.

La historia nos devuelve al polvo estéril de la funeraria Torre Grosa, donde los humanos no buscan el descanso en paz. Tras el vacío dejado por la gerencia anterior, la cuarta entrega arranca con una fractura: Chemi (Diego Martín) asume el codiciado puesto de director, con la falaz justificación de ocuparlo «solo un ratito» para impregnar el negocio con sus reformas marketeras estrafalarias. Esta usurpación transitoria desata la locura de Dámaso Carrillo (Carlos Areces), el eterno comercial resentido que lleva años velando el cadáver del fundador con la única ilusión de heredar su reino. Dámaso se convierte en un fantasma que deambula entre el servilismo más rastrero y el sabotaje subterráneo para derrocar a su nuevo jefe. Mientras tanto, los demás empleados deambulan en sus propios círculos de aislamiento: Morales intenta balancear su complicidad con las tretas de Dámaso; Olivia y Abel desvían los ojos hacia romances triviales para no ver la nada que los rodea, y Manuela sigue intentando descifrar una supuesta maldición esotérica que pende sobre su vida y la empresa. La trama avanza en una caótica asamblea de egos donde, ante la absoluta desidia de la viuda Doña Nieves (Ascen López), los dos aspirantes principales se ven forzados a pactar una extravagante jefatura rotatoria, sumiendo a la empresa en un limbo administrativo. El desenlace acelera su paso hacia un precipicio absurdo con un portazo seco que recuerda al espectador que en el universo de los hermanos Caballero, la ambición humana es un perro que se muerde la cola de manera perpetua.

Durante su producción, la serie fue cancelada sorpresivamente por la plataforma de streaming. Ante esto, su creador Alberto Caballero sinceró que para estructurar el último episodio tuvo que rescatar secuencias ya escritas para el inicio de una hipotética quinta temporada, acoplándolas a toda prisa en un metraje final ligeramente más largo. Por ello el guion se siente que dejó tramas secundarias abiertas y una resolución forzada que a su vez influyó en la quita de luces hacia personajes que merecían más tiempo y espacio.

Sin embargo, el imponente duelo interpretativo entre Carlos Areces y Diego Martín sostiene la tensión cómica con una sobriedad actoral brillante en esta última temporada, que también estuvo marcada por la tragedia real, pues aconteció pocas fechas después del fallecimiento de la respetable actriz Ascen López, conocida por interpretar papeles icónicos en las producciones de la factoría Contubernio (incluyendo Machos Alfa y Muertos S.L.). Bajo la aparente ligereza de la comedia de oficina, los directores Laura y Alberto Caballero configuran un microcosmos que envuelve, entretiene y se deja disfrutar.

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