La Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo no es solo un club de fútbol. Es una leyenda viviente, un relato tejido con sudor, cánticos y resiliencia. Es la voz de una provincia que encontró en el verde y blanco un espejo de su identidad, al grito de: “...a la carga Liga con garra manaba...”.

Liga de Portoviejo, conocida también como La Capira o El Ídolo de Manabí, apareció en 1968 como un equipo amateur para jugar en segunda categoría. En un principio se llamó Liga Deportiva Amateur. Sin una fecha exacta de fundación, su afición y el periodismo deportivo adoptaron el 15 de noviembre como la fecha oficial, ya que ese día el equipo clasificó al fútbol profesional del Ecuador. Desde entonces comenzó a tomar vida la leyenda que se ha convertido en pasión de todo un pueblo, manteniéndose en el corazón de cada portovejense y manabita.
En los años setenta, cuando el estadio Reales Tamarindos abrió sus puertas, LDUP se presentó como un sueño colectivo. Sus primeros pasos en la Serie B fueron más que partidos: fueron gestas de afirmación provincial, donde cada gol era un grito de “¡aquí estamos!”. El verde y blanco no era solo uniforme, era símbolo de orgullo, la sangre de un equipo que fluía como un río desde el Reales Tamarindos hasta las campiñas manabitas. Los hinchas que no podían asistir al estadio lo escuchaban por radio, se reunían en tiendas para seguir el partido; algunos acompañaban la espera con un traguito de currincho de Junín, y luego partían en su burrito o caballo con la alegría de la victoria o el pesar de la derrota.
LDUP ha tenido altibajos a lo largo de su historia, con ascensos y descensos. Tal vez sea el sentido de pertenencia lo que nos hace amar tanto este equipo, aunque los títulos no abunden. Los logros de la Capira se miden en resistencia y en el sueño de un día verlo campeón. Liga ha jugado en todas las categorías del fútbol ecuatoriano, ascendiendo desde lo más bajo hasta la élite. Es el club con más temporadas en la Serie B, demostrando que la constancia también es una forma de victoria. Su mayor triunfo ha sido mantener viva la llama de la representación manabita. La Capira tiene algo que pocos equipos poseen en el país: una hinchada que lo acompaña en las buenas, en las malas y en las peores. Lo siguen en la Serie A, en la B y hasta en la M, como se dice en el folclor futbolero del barrio.

Por Liga han pasado jugadores que se ganaron un espacio en el corazón de los portovejenses. Entre los más destacados por su técnica, calidad y goles tenemos a:
Carlos Infantino: delantero argentino, goleador que anotó 7 tantos en los primeros 4 partidos de 1974, récord que se mantuvo por 50 años.
Óscar Del Grosso: volante argentino que aportó técnica y goles en los años 70.
Mariano Biondi: volante ofensivo, director de juego, recordado por su calidad y visión.
Juan Manuel “El Padre” Basurco: debutó en 1970, dejando huella en la historia del club.
Juan José Pérez: goleador del Campeonato Nacional en 1978.
La historia de LDUP no se entiende sin su gente, porque fueron ellos quienes la construyeron con gritos de goles vivos y de goles que no alcanzaron a serlo.
Pepe Cobos, de los Joker de Manabí, cantaba: “Al equipo de mi tierra le canto con emoción... Ra, ra, ra... Liga aquí... Liga allá...”. Esta historia incluye rivalidades históricas como el Clásico Manabita contra Delfín Sporting Club.
Hablar de Liga es hablar de pasión, de personajes reconocidos y anónimos que se tatuaron la “U” en el corazón. Es el caso del hincha más icónico, que merecidamente se ganó reconocimiento como el hincha número 1 de la Liga: Miguel “El Panita” Paredes, quien con su tambor acompañaba al equipo a todo lado y encendía la fiesta deportiva.

Hinchas anónimos llegaban desde cada rincón de la provincia: Don Ascención Rodríguez con su radio a pilas desde Los Evanitos de Riochico; otros desde Chirijos, Pueblo Nuevo, Santa Ana, Rocafuerte. Todos se mezclaban en la multitud para alentar a su Capira del alma.
Más que nombres individuales, son familias enteras que heredan la pasión: abuelos que narran anécdotas de partidos pasados, jóvenes que pintan murales, músicos que transforman la tribuna en carnaval. La Capira vive en ellos, porque el fútbol es también herencia.
La hinchada, a través de sus barras, ha sido el verdadero motor incluso en los momentos de descenso, cuando la Capira parecía perderse en el silencio.

La “Mafia Verde”, barra que convirtió la pasión en ritual, con banderas, cánticos y caravanas, es como un bosque que nunca deja de crecer: sus cánticos son raíces que se hunden en la tierra, sus banderas son ramas que se alzan al cielo.
Liga nació con fuerza, se midió con los grandes y se convirtió en símbolo de identidad manabita. Hoy lucha en la categoría de Ascenso, contra viento y marea, con dificultades económicas y administrativas que frenan su crecimiento. La Capira no ha logrado consolidarse por razones que trascienden lo deportivo: dirigencias inestables, falta de inversión y momentos en que hinchada y dirigencia no caminaron juntas.
Su futuro depende de la capacidad de reinventarse, de unir a la provincia en torno a un proyecto serio, transparente y sostenido. El sueño de volver a la Serie A no es imposible, pero requiere planificación y compromiso colectivo. El horizonte aún guarda la posibilidad de que la Capira sea protagonista nacional si logra ordenar sus fuerzas y creer en su destino.
La Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo es un poema inconcluso que se canta en verde y blanco. Es tambor que marca el pulso de la provincia, melodía que se repite en cada generación con notas de gloria y silencios de derrota. Es río que nunca se seca, aunque sus aguas se tornen escasas. Su historia nos recuerda que el fútbol no es solo ganar, sino resistir, persistir y soñar.
La Capira es Manabí en estado puro: orgullosa, luchadora, resiliente, capaz de levantarse tras cada caída. Y aunque hoy sus alas parecen pesadas, el futuro aún guarda la posibilidad de un vuelo renovado.
Este domingo 23 de noviembre, en Sangolquí, en el arranque de las semifinales del ascenso nacional, La Capira se enfrentó a Aampetra e igualaron sin goles. Todo se definirá en casa, en el Reales Tamarindos, este domingo 30, con la plena convicción de una victoria, con el sueño del regreso de un ídolo, la leyenda que sigue viva en el corazón de un pueblo con ansias de gloria.
Porque mientras haya un hincha que levante su voz, mientras una bandera verde y blanca ondee en el viento, la Capira seguirá viva. Y quizá, algún día, ese río vuelva a desbordarse en gloria. Nunca dejaremos de soñar... ¡te queremos CAMPEÓN!

Néxar Rodríguez Vélez
Activista social - nexarrodriguezvelez@gmail.com
Fotos cortesía: Habla Serio Sport
Columnista www.vibramanabi.com
27/11/2025