La Capira no solo juega, La Capira inspira. Vamos mi Liga... ¡Te queremos ver campeón!

Portoviejo, ciudad con sueños añejos, llevaba en el pecho un largo verano, una cicatriz que no sanaba. Cuatro años de espera interminable se habían posado sobre el césped del Reales Tamarindos, donde antes rugían los versos épicos, hoy sonaban cánticos mezcla de sueños, esperanza y fantasías. La Capira, nuestro estandarte verde y blanco, había caminado por el desierto de la Segunda Categoría, cargando el peso de su historia y la nostalgia de las grandes gestas.

El hincha, ese fiel compañero y guardián de la memoria, convirtió cada domingo en una promesa, cada partido en un rezo. El luto deportivo de espera solemne, aguardando el momento en que el corazón de Manabí volviera a latir al ritmo que merecía.
El regreso a la Serie B para la temporada 2026 es el fruto de una campaña de regularidad y convicción. El equipo demostró una gran solidez a lo largo del Ascenso Nacional 2024, superando con disciplina y garra cada fase de los playoffs.
La directiva destacó que el éxito se debe al compromiso absoluto de los jugadores, un factor crucial tras quedarse al margen del ascenso la temporada anterior.
La travesía del ascenso fue una epopeya de barro y fuego. No bastó la garra manaba, se necesitó la fe para doblegar rivales y encarar el umbral final contra Aampetra. Y llego el gran día, el día del desenlace no fue solo un partido; fue una liturgia. En un abarrotado Estadio Reales Tamarindos, el aire se hizo denso, cargado con el sudor de la angustia y el perfume de la esperanza. Y entonces, como un trueno liberador, el pie de Jhojan Riascos trazó una parábola al destino, no solo dio la victoria (1-0), sino que desató un júbilo inmenso en Portoviejo.

Un grito que rompió el silencio, ¡Goooool! Un susurro, una explosión, un aullido. Ese instante que el mito se convertía en leyenda. El esférico besó la red y, con él, la pena de Portoviejo se hizo polvo, la esperanza en certeza. El silencio de cuatro años se rompió con el rugido más dulce con el que Manabí había soñado.
Las lágrimas de los seguidores fueron el desahogo contenido de años de espera, y la recompensa a la fidelidad inquebrantable que caracteriza al público manabita.
Las gradas, convertidas en un mar de lágrimas alegres y banderas danzantes que parecían cobrar vida. La alegría, como un río desbordado, inundó las avenidas. La Caravana del Triunfo fue un poema escrito con bocinas y fuegos artificiales, una marea de motocicletas escoltando a sus héroes. El Parque de la Rotonda se convirtió en el arco del triunfo, en el altar donde se ofrendó el corazón victorioso de la ciudad.
El aficionado no solo gritaba; exorcizaba el dolor. Era la justicia poética llegando a quienes jamás dudaron.

Y si las calles eran la música, la prensa hacía la letra. "¡La Capira volvió a rugir! ¡El más grande de Manabí está de vuelta! Ha terminado una larga espera..."
En la efervescencia de la victoria, la voz profética de Pedro Aníbal Fernández, el narrador que conoce el pulso de la pasión manabita, elevó el sentir colectivo a la categoría de profecía y leyenda. Y con el júbilo estallando, la frase que se ha convertido en el grito de guerra del hincha de Liga. Su frase no es una simple narración; es el permiso para la locura, es el decreto de una fiesta irrenunciable: "Si gana Liga... No me esperen en casa... ¡No me esperen en casa!”
Y la Liga ganó... Pedro Aníbal y muchos más no llegaron a casa. Este grito que sella el pacto cuando La Capira triunfa, el hogar es la calle, la familia es la hinchada, y el alma de Portoviejo es libre y feliz.

Me parecía escuchar aquella voz de los años 80´, al inconfundible, al único, al inmortal Rául Cedeño Zavala, ese que narraba los goles con su grito interminable de gol que nacía desde las cabinas del Reales Tamarindos y se paseaba por las calles de la ciudad. Así como hoy lo grita Luis Gines, cuyo relato vibrante retumba en el último rincón de las campiñas manabitas.
Este regreso a la Serie B no es el final, sino el comienzo; el primer acorde de una sinfonía mayor. La luz de la Serie A brilla en el horizonte como una meta dorada. Los jugadores saben que caminan sobre los pasos de gigantes, y que el corazón de la ciudad los empuja.
El ascenso a la Serie B es el inicio de un nuevo camino. Ahora, Liga de Portoviejo enfrentará el desafío de repotenciarse para competir en una división más exigente. El objetivo inmediato será consolidarse en la B, con la vista puesta siempre en la máxima categoría.

El compromiso de los aficionados sigue siendo ser el "Jugador Número 12". Fiel, constante, llenando el Reales Tamarindos y brindándole el apoyo incondicional necesario para seguir avanzando. El mensaje de la hinchada es claro: "¡Te quiero ver pronto en la A, Liga querida!". El anhelo es definitivo de todo el pueblo portovejense. Este ascenso es el trampolín para que "La Capira" sea un animador estelar del campeonato nacional, luchando por títulos y reviviendo el Clásico Manabita.
Porque La Capira no solo juega, inspira. Vamos mi Liga... ¡Te queremos ver campeón!

Néxar Rodríguez Vélez
Activista social - nexarrodriguezvelez@gmail.com
Columnista www.vibramanabi.com
2/12/2025