Yo era invierno,
con noches largas, interminables,
frías, sin claridad.
Amaneceres lluviosos,
manos frías, solitarias.
Él, era mar.
La corriente de su ser no lo detenía,
era de temer.
Impasible, con esa calma que lo detonaba todo,
con esa sonrisa que me hacía creer....
en él, en mí, en nosotros.
Yo era Lluvia,
incesante, renuente al adiós, siempre esperando al Sol.
Él, era Fuego.
Abrasador sin piedad,
dejando huellas, costuras, enmendaduras.
Y siendo tan adversos, el mundo arremetió contra el destino,
fuimos madrugadas y amaneceres.
Fiesta, vino y deseo.
El amor se nos dio a manos llenas,
con estrellas fugaces y redondas lunas.
El mundo arremetió contra nosotros,
nos convirtió en olvido y dolor,
en pesadumbre y costumbre.
Nos abarrotó de indiferencia,
llenándonos de abandono,
de hastío y pérdida.
Ya no éramos Otoño,
Nos transformamos en Ayer.

Karen Nathaly Mantuano Moreira
Escritora & Poetisa manabita
3/12/2025