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La pregunta que nadie quiere hacer cuando el dinero aparece de golpe
Por: María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle
Publicado en 16/01/2026 09:20
María Cristina Kronfle

El siguiente artículo de opinión es una continuación de anteriores reflexiones publicadas por su autora y cuyos títulos fueron:  La responsabilidad simbólica del éxito & Cuando el Sistema Judicial falla, ¿quién está a salvo?

 

 Lo que me indigna de todo este boom no es una persona en particular, es lo que revela como sociedad. No hablo desde el chisme ni desde una moral de castigo, hablo desde una pregunta ética básica, que en Ecuador parece cada vez más incómoda, de dónde viene todo esto, quién lo paga, a costa de qué vidas, de qué territorios, de qué silencios.

 

El problema no es individual, es colectivo. No estamos frente a una fortuna heredada ni ante una trayectoria empresarial visible, tampoco frente al relato repetido del emprendimiento exitoso. Estamos frente a dinero súbito, desproporcionado, sin un relato productivo verificable, exhibido con normalidad en un país donde la clase media trabajadora tarda décadas en acceder a una vivienda básica, o nunca alcanza los niveles de consumo que estas vitrinas digitales presentan como cotidianos. Esa brecha no es solo económica, afecta la manera en que se entiende el esfuerzo, el mérito y la legitimidad social.

Desde una mirada sociológica, lo que se está instalando es una pedagogía del atajo. El crimen organizado no es nuevo en sociedades desiguales, lo que sí es nuevo es que su estética se haya vuelto aspiracional y socialmente aceptada. El mensaje implícito para muchas jóvenes es claro, no hace falta comprender el origen del dinero, no hace falta autonomía económica ni trayectoria propia, basta con ocupar un lugar funcional dentro de una estructura de poder masculina. Eso no es empoderamiento, es dependencia revestida de abundancia.

Tengo formación en intervención y prevención de violencia de género y, por eso, no puedo observar este fenómeno con ingenuidad. El narco con poder no busca compañeras autónomas, busca figuras que refuercen su imagen de dominio, cuerpos intervenidos, vidas exhibibles y silencios útiles. La cosificación no desaparece cuando hay regalos costosos, se profundiza porque se normaliza. El lujo reduce la disposición a preguntar, y la dependencia económica eleva el costo de hacerlo.

Hay algo que resulta indispensable decir con claridad, no se trata únicamente de saber o no saber. La ignorancia voluntaria también es una forma de decisión. No preguntar, no querer conocer el origen del dinero, aceptar flujos económicos que no tienen explicación razonable, no es una posición neutral. Esa omisión sostiene estructuras criminales.

El crimen organizado no se mantiene solo con violencia armada, se mantiene con cuentas bancarias, con testaferros y con personas que prestan su nombre, su imagen y su normalidad, para que el dinero circule sin alertas.

El cuestionamiento alcanza también a un daño que pocas veces se nombra, el daño cultural. Cuando ese estilo de vida se convierte en referente aspiracional, cuando se consume sin contexto ni cuestionamiento, se debilita el pacto mínimo que sostiene la convivencia social. Se instala la idea de que el esfuerzo sostenido carece de sentido frente al atajo, que la ética es prescindible y que preguntar es un riesgo innecesario. Ese aprendizaje social tiene efectos duraderos, porque normaliza prácticas ilegales y deslegitima la conducta honesta.

Es necesario decir algo más con precisión.

Cuestionar este fenómeno no implica atacar a las mujeres por su condición de mujeres. Implica reconocerlas como sujetas morales, capaces de comprender, decidir y responder por el lugar que ocupan dentro de una estructura de poder. El discurso que reduce todo a “no sabían” o “no entendían” también es una forma de violencia simbólica, porque niega autonomía del pensamiento y responsabilidad.

No estoy planteando un linchamiento ni una moral punitiva. Estoy planteando una advertencia. No todo éxito merece validación pública y no toda abundancia es socialmente inocua. En contextos atravesados por desigualdad y violencia, exhibir lujo sin origen no es un acto privado, es un mensaje que impacta en la forma en que se construyen aspiraciones y expectativas colectivas.

Recuperar la pregunta incómoda es, para mí, un acto de responsabilidad. La dimensión política de esta discusión se manifiesta en otros niveles, en las decisiones que se toleran, en los silencios que se normalizan y en los modelos de éxito que se legitiman sin explicación. Reinstalar la ética como práctica cotidiana y negarnos a aceptar lo que no resiste una mínima racionalidad, es una forma concreta de resistencia. En un país donde la violencia avanza con rapidez, la lucidez no es un lujo intelectual, es una responsabilidad pública.

 

María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle

Abogada y Activista

Columnista www.vibramanabi.com

16/1/2026

 

 

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