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Cuando el miedo silencia al periodista, quien pierde la voz es toda la ciudadanía
Por: Érika Vaca Rodríguez.
Publicado en 07/07/2026 12:35
COLUMNA DE OPINIÓN: PENSÁNDOLO BIEN / ÉRIKA VACA RODRÍGUEZ

El periodismo nunca ha sido simplemente una profesión; es un servicio público que permite a la ciudadanía conocer la realidad para tomar decisiones libres e informadas. Cada noticia publicada, cada investigación y cada denuncia representan el ejercicio de un derecho que pertenece a toda la sociedad. Sin embargo, cuando informar implica poner en riesgo la vida, la libertad de expresión deja de ser una garantía plena para convertirse en un desafío cotidiano. Un país donde un periodista debe pensar primero en sobrevivir antes que en publicar una noticia es un país donde también comienzan a debilitarse los derechos de todos sus ciudadanos.

La Constitución de la República del Ecuador reconoce que el trabajo periodístico merece una protección especial. El artículo 20 garantiza la cláusula de conciencia, el secreto profesional y la reserva de la fuente para quienes ejercen actividades de comunicación. Esto significa que un periodista tiene derecho a negarse a difundir información que contradiga su ética profesional, puede proteger la información obtenida durante sus investigaciones y tiene la obligación legal de resguardar la identidad de quienes, confiando en el periodismo, denuncian hechos de interés público. Estas garantías no fueron creadas para beneficiar únicamente a los comunicadores; existen para proteger el derecho de la sociedad a estar informada sin que el miedo destruya la verdad.

La Ley Orgánica de Comunicación fortalece esa protección. Los artículos 39 y 40 reconocen expresamente el derecho a la reserva de la fuente y al secreto profesional. Ninguna autoridad puede obligar a un periodista a revelar la identidad de quien entregó información de interés público ni exigirle que entregue documentos, grabaciones, conversaciones o archivos obtenidos durante una investigación periodística cuando ello comprometa el ejercicio de su labor. Sin esas garantías, muchas denuncias sobre corrupción, violencia, abusos de poder o afectaciones a los derechos humanos jamás llegarían al conocimiento de la ciudadanía. Proteger a la fuente también significa proteger el interés colectivo.

Pero existe una realidad que preocupa profundamente: cuando un periodista decide no publicar una información por temor a represalias, no es únicamente una noticia la que desaparece. También desaparece una alerta para la comunidad, una denuncia que pudo prevenir un delito, una investigación que pudo evitar un abuso o una verdad que la ciudadanía tenía derecho a conocer. La autocensura no nace por falta de compromiso profesional; muchas veces surge cuando la vida propia, la familia o la integridad personal quedan expuestas. En esas circunstancias, el silencio deja de ser una decisión editorial y se convierte en una consecuencia del miedo.

La libertad de expresión tampoco pertenece exclusivamente a los medios de comunicación. Es un derecho humano reconocido por el artículo 66 de la Constitución, que garantiza a todas las personas buscar, recibir, producir y difundir información veraz, verificada, contextualizada y plural. Cuando ese derecho se limita, toda la sociedad pierde la posibilidad de participar plenamente en la democracia. La información permite exigir cuentas, denunciar irregularidades, proteger derechos y fortalecer las instituciones. Sin información libre no existe control ciudadano, y sin control ciudadano la democracia comienza a debilitarse.

Defender al periodismo no significa proteger a una profesión por encima de otras; significa proteger el derecho que tiene cada ecuatoriano de conocer la verdad. El periodista no es el dueño de la información, es el puente entre los hechos y la ciudadanía. Por eso, garantizar su seguridad, respetar su independencia y proteger las herramientas legales que respaldan su trabajo no es una concesión, sino una obligación del Estado y un compromiso de toda la sociedad. El día en que el miedo logre imponer silencio sobre quienes informan, ese silencio también alcanzará a millones de ciudadanos que dejarán de conocer aquello que, por derecho, nunca debería permanecer oculto.

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

7/7/2026

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