Días atrás fui invitada a un desayuno conversatorio, en una prestigiosa Universidad. En dicho encuentro, estuve como uno de los actores en la generación de ideas, siendo parte del aparato productivo del país, es decir, desde el sector privado.
Me resulta extremadamente grato poder tener esta otra perspectiva, puesto que durante mucho tiempo tuve la mirada desde el sector público, habiendo estado durante años como legisladora, como directora en la Contraloría, como subprocuradora en el Municipio de Quito, como coordinadora en el Municipio de Guayaquil y en otros tantos espacios que, desde muy temprana edad, me fueron invitados a ocupar. Algunos por decisión de las autoridades de turno y otros, por el gran honor que me brindó el pueblo ecuatoriano.
Desde la mirada del sector privado, comprendo la enorme responsabilidad que reposó en mis hombros durante tanto tiempo; y me alegra profundamente que en ningún momento haya podido ser mencionada en términos negativos respecto de mi gestión, desde fuentes reales.
Por supuesto, al ser como soy y estando en minoría, siempre estuve bajo la lupa de los trolls y la lupa de los haters, que se activaban con gran ahínco, para criticar, insultar con una creatividad y constancia, que evidenciaba lo bien remunerado que es el odio en nuestro país. Y entonces aprendí a que formen parte de un ecosistema casi inerte para mi interés o para mi estado de ánimo. No soy mucho de revisar mensajes, solo lo hago de vez en cuando e incluso a algunos novatos de los haters clubs, les regalo un like, a menos que si amerite una respuesta, lo cual casi nunca pasa, aun ahora.
El que muchas personas me reconozcan en la calle, otras tantas me agradezcan el trabajo realizado, así como que me digan que, soy una mujer luchadora, valiente, y que en su momento se sentían representadas por mí, apagaba y sigue apagando cualquier mensaje que pudiese venir de un troll center o de un hater club.
Ahora, desde el sector privado, hago un llamado a quienes hoy están en el sector público:
- A no hacer caso a lo que digan los trolls o haters, deben entender que las redes sociales son eso, redes sociales, y cualquier persona puede acceder a ellas, criticarán o aplaudirán. Pero…
- Deben comprender que quien realmente sabe lo que está haciendo bien y lo que está haciendo mal, es uno mismo. Y que, en consecuencia, quien tiene que sostener su buen nombre no es un tercero. Porque quien andará por la calle cargando su nombre, su apellido y todo el bagaje de acciones u omisiones, que hayan sido resultado de su vida pública, será cada uno de ustedes.
- Hacer bien el trabajo, ser coherentes, éticos, constantes, perseverantes y, sobre todo, tener criterio formado, en espacios tanto de representación popular, como de incidencia pública, ya que no es una opción, es una obligación que está dispuesta, aunque, con otros términos en la Constitución; resulta también una obligación moral con ustedes mismos y con sus familias.
Así que, a quienes hoy tienen la oportunidad de incidir, los invito a hacerlo desde la razón, y desde el argumento, jamás desde el odio, el miedo o la venganza.
Porque:
El odio trae miseria humana.
La venganza trae cola larga.
El miedo trae trauma y desacierto.
Para llegar lejos en la vida, lo primero es ser coherente, buscar siempre la paz, conversar y dialogar, incluso con quienes no piensan igual que nosotros, aunque sea incómodo, porque es absolutamente necesario.
Quienes están en un espacio de incidencia pública, no están allí por sus propios y personales derechos, están en representación de millones de personas que cuentan con que sepan hacer bien su trabajo y que sepan responder al verdadero mandante. Y ese mandante siempre será el pueblo ecuatoriano.

María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle
Abogada / Activista / Máster en Administración Pública
Columnista www.vibramanabi.com
9/3/2026
